DOS: SUSTANCIA BLANCA O ANDAMIO DEL CEREBRO,

DONDE PODRÍA ENCONTRARSE LA RAZÓN DEL GUSTO POR LA MÚSICA.

LOS CEREBROS DE LOS MENTIROSOS TIENEN MÁS SUSTANCIA BLANCA

Cuando hablo de estas cosas la gente no entiende.

Todos creen que lo que digo se refiere a mí, pero no se refiere a mí, se refiere a la vida airada, a la vida breve, a la vida en rosa,

porque yo en lugar de rociar mi comida con vino la rocío con canciones de Edith Piaf y non je ne regrette rien, ni le bien ni le mal, ça m´est bien égal y lo canto con voz ronca mientras sigo dándole a los dedos en el teclado, antes de la máquina de escribir,  hoy de la computadora.  Ya deliro.

Pareciera como si mi vida fuera apenas un tableteo irregular donde siempre escribo siguiendo el fluir de la conciencia y dejando las frases a la mitad, confundiendo todas las letras y poniéndolas al revés.

Aunque, eso sí, yo escribo con una rapidez digna de una secretaria ejecutiva,

pero mi letra de teclado nunca es perfecta y menos mi letra caligrafiada: me gustaría que fuera armoniosa, tranquila, bien organizada como la letra de Emma, el personaje de Jane Austin que siempre falla cuando intenta comprender a un ser humano, pero que siempre acierta cuando escribe una carta, no porque la carta de en el clavo,  sino porque su letra es tan perfecta, tan hermosa, que de inmediato

todos se admiran de esa magia de la perfección,  de la que nos hemos alejado últimamente porque no escribimos más a mano.

 

(…)

 

Sigo pensando que la gente no me entiende

el terror vuelve a invadir mi alma cuando pienso que tantas porcelanas

y tantos cuadros y tantas joyas y la mejor caligrafía

pueden perderse entre los estallidos del lenguaje…

Margo Glantz

El texto encuentra un cuerpo